SANTA JOAQUINA DE VEDRUNA:
Joaquina de Vedruna nació en Barcelona en las últimas decadas del siglo XVIII. Como su familia pertenecía a la burguesía intelectual, accedió a una educación privilegiada. Desde niña tuvo inquietudes religiosas, así que a los 12 años se dirigió al convento de Hermanas Carmelitas para profesar su vocación; las monjas no la podían aceptar por su escasa edad y tuvo que esperar a que pasasen los años. Sin embargo, la vida le tenía preparada una sorpresa con la que ella no había contado, su padre les habló, a ella y a sus dos hermanas mayores, de su joven amigo y abogado Teodoro de Mas como posible novio para alguna de las tres. El joven se presentó con un pequeño detalle (un cartucho de almendras) que las hermanas mayores despreciaron, pero que Joaquina aceptó; y eso era lo que buscaba Teodoro, una esposa que se alegrara con los pequeños detalles de la vida.
Se casaron, y fueron padres de nueves hijos. Juntos compartieron el dolor de perder a tres de ellos y la guerra entre España y la Francia de Napoleón que les hizo conocer la separación, el exilio, el empobrecimiento y la muerte; pues tras la guerra, Teodoro enfermó de tuberculosis y murió cuando Joaquina contaba 33 años.
Joven y viuda se trasladó a Vic, a la propiedad del Manso Escorial donde se entregó a la educación de sus hijos, luchar por el sustento y atender a los enfermos del Hospital de pobres de la ciudad.
Fue el fraile capuchino Esteban de Olot, quien le presentó la necesidad de fundar alguna Orden que pudiera ofrecer ayuda y educación. Así surgió una nueva Congregación Religiosa de carácter apostólico y abierto. En muy poco tiempo, el trabajo de la Comunidad de Joaquina se hizo presente en los pueblos de Cataluña, la sencillez evangélica de las Hermanas, cercanía, abnegación y su buen hacer en la educación de la mujer, las hicieron esperadas en muchas partes.
Cuando estalló las Guerras Carlitas fue perseguida y se exilió a Francia. A su regreso, vió con alegría que sus esfuerzos de antaño se habían multiplicado por toda la península, pero una enfermedad empezó a hacer estragos en su cuerpo... durante 4 años una parálisis la mantuvo inmóvil, y una epidemia del cólera acabó con su vida.
Su incontestable lema: TODO POR AMOR, NADA POR FUERZA, resume el ideal de vida que deseaba inculcar a sus hijos, a su Comunidad de Hermanas Carmelitas, a sus alumnas, a sus enfermos y a las generaciones posteriores.
EL DIA 26 DE FEBRERO CELEBRAMOS EL ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE LAS HERMANAS CARMELITAS, Y FUIMOS A LA IGLESIA PARA HACER ALLÍ LA ORACIÓN DE CADA DÍA.





Miralos que buenos ellos bajo la proteccion de santa joaquina, que siempre les acompañe y les proteja.Por cierto que kiko se ha aprendico muy bien el lema, asi me gusta. Saludos, Angeles
ResponderEliminarGracias Ángeles. Se lo han aprendido todos, ahora solo queda ponerlo en práctica en el día a día. Besos.
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